jueves, 24 de noviembre de 2011

CUBA, LÍDER EN EVALUACIÓN DEL DESEMPEÑO DOCENTE

Es común la preocupación que siente la sociedad ante una evaluación de desempeño. Sin embargo, en el terreno educativo, este sentimiento cambia cuando educadores, rectores, alumnos y padres de familia entienden y experimentan sus beneficios. Así ha ocurrido en Cuba, nación que por más de 14 años ha promovido un sistema de evaluación que, a través de la medición y los estímulos, la sitúan como abanderada de la calidad de la educación en América Latina.

Cuba, país líder en evaluación, cuenta con un sistema de educación orientado al desarrollo y formación de las nuevas generaciones, en un proceso docente educativo integral, sistemático y participativo, fundamentado en seis principios básicos: carácter masivo y con equidad de la educación; relación estudio y trabajo; participación democrática de toda la sociedad en las tareas de la educación; coeducación y escuela abierta a la diversidad; atención diferenciada e integración escolar; y gratuidad.

El Sistema de Evaluación Docente tiene un carácter sistemático y continuo que le da al maestro la posibilidad de perfeccionar sus acciones educativas en el proceso de enseñanza aprendizaje, y mejorar los estilos, métodos y procedimientos de trabajo para un aprendizaje más significativo de los alumnos. Los docentes son conscientes de la labor que tienen y están dispuestos a que se les ayude y oriente; consideran que la evaluación del desempeño es un factor que promueve su desarrollo y potencia la superación profesional, a partir de los resultados de su trabajo.

Una de las razones en la concepción de la evaluación es la de ver este proceso como la forma de identificar las potencialidades y necesidades del maestro y establecer así, desde su puesto de trabajo, las estrategias de superación. También permite evidenciar a los docentes sus capacidades pedagógicas y didácticas, las cuales pueden ser aprovechadas en la proyección de los Planes de Mejoramiento de las instituciones educativas.

De ahí que el principio fundamental de la evaluación es su carácter sistemático y continuo, en donde los niños y las niñas son el centro del proceso docente. Para lograr este objetivo, los directivos de las instituciones escolares desarrollan un acompañamiento metodológico a los maestros, y evalúan periódicamente los resultados de los estudiantes. De igual forma, los directivos interactúan con los docentes durante el año escolar, de manera que cuando se realice la evaluación final, cada uno de ellos esté consciente de la asistencia recibida, los logros obtenidos y los aspectos que deben perfeccionar en próximas etapas.

Momentos de la evaluación
En Cuba, los docentes se preparan de tal forma que, en sus clases, además de buscar el aprendizaje de los alumnos y el logro de competencias básicas, persiguen una preparación integral a partir de la aplicación de los tres momentos de la evaluación explicados a continuación:

i. Diagnóstico y caracterización Partiendo del nivel de preparación de los docentes, de su experiencia, de los logros y deficiencias que se apreciaron en el proceso de enseñanza aprendizaje, el directivo de la institución amplía el diagnóstico que tenía del docente y particulariza los componentes y actividades de preparación que va a necesitar para realizar un mejor trabajo en el siguiente grado escolar.
ii. Acciones de Mejoramiento Dependiendo de los resultados arrojados por las evaluaciones parciales y final de los estudiantes, el directivo trabaja de manera directa con el docente, y a partir de las metas establece las acciones de capacitación y control. Entre las actividades que se realizan están las visitas de ayuda metodológica o entrenamiento, talleres, clases demostrativas (con énfasis en demostraciones metodológicas), que potencian el trabajo del docente.
iii. Elaboración del Plan de Mejoramiento Al final de cada año escolar se realiza la evaluación o resumen final, del que dependerá el Plan de Mejoramiento o desarrollo profesional, el cual es acordado con el docente y aprobado por el directivo. Un maestro que ha sido evaluado durante todo el año escolar, siempre recibirá las ayudas necesarias que le permitan obtener los resultados esperados y llegar al final del año con una evaluación satisfactoria.

Características de la evaluación
En Cuba, el Sistema de Evaluación de Docente se caracteriza por:
i. Contar con una Comisión de Evaluación integrada por el rector, docentes con amplia experiencia y por miembros del sindicato. Esto permite que la evaluación tenga un carácter democrático, es decir, el desempeño del docente no es evaluado por una sola persona. En caso de no estar de acuerdo con el informe final, el docente puede hacer una autoevaluación, en donde explica sus logros y dificultades.
ii. Tiene un principio democrático donde participan los alumnos, el docente, el rector, el sindicato y los maestros de mayor prestigio profesional en el colectivo.
iii. El docente emite sus criterios acerca de la evaluación otorgada y si no está convencido de los resultados señalados, puede recurrir a la instancia superior (rector) para que se haga una revisión de lo que se le está planteando.

Significado de la evaluación
Para lograr una mayor interacción con los padres, las instituciones desarrollan las escuelas de educación familiar o escuelas para padres, con el propósito de que los docentes orienten a los padres de familia sobre cómo actuar frente a las dificultades de sus hijos. Así pueden ayudar a los alumnos de una forma más eficiente. De ahí que padres, alumnos, directivos y docentes vean las siguientes bondades en la evaluación:

 Padres: es un proceso sistemático, una alerta, un control y una ayuda que les permite ver de cerca el desarrollo de sus hijos. Es un mecanismo de medición que demuestra si los niños y niñas están recibiendo una educación con calidad.
 Alumnos: es el control diario, la ayuda sistemática que el profesor les puede dar a partir de sus propias necesidades. Por ser un proceso sistemático, que se realiza a cada momento, no le tienen "miedo"; es algo normal.
 Directivos: es un motor regulador de procesos, tanto para el aprendizaje de los alumnos como para la forma de enseñar y actuar de los docentes. Es un elemento de ayuda y perfeccionamiento para su colectivo pedagógico.
 Los maestros: es superación, capacitación y mejoramiento, porque estimula la preparación del docente. No es coercitiva ni impuesta. Los maestros la esperan porque a partir de los resultados se genera una serie de estímulos y se deriva el plan individual que trabajarán en el siguiente curso.

Ventajas y estímulos de la evaluación

Para el docente
i. Permite que el rector y el docente interactúen y tomen las medidas necesarias que contribuyan a elevar el nivel profesional de los educadores.
ii. A los docentes con mejores calificaciones se les da la oportunidad de capacitarse en cursos, licencia turas, doctorados y maestrías, a nivel nacional e internacional.
iii. Ofrece estímulos a manera de bonificación y/o aumento salarial.
iv. A aquellos docentes que no lograron los resultados esperados en la evaluación final, les da la opción de recalificarse es decir, prepararse intensamente en las universidades pedagógicas, sin que el Estado cubano prescinda de sus funciones, pues para ellos es importante, además de detectar el problema, ayudar al maestro a buscar la solución.

Para los alumnos
i. Más y mejor aprendizaje con calidad.
ii. Mejores resultados en la escritura y el dominio de ejercicios básicos.
iii. Desarrollo de habilidades de expresión y conversación. Más conocimientos en cultura general.

Para la institución
i. Mejora en los resultados obtenidos por los estudiantes en el logro de las competencias en matemáticas y lengua española.
ii. Los resultados de la evaluación y los mecanismos empleados para mejorar la calidad de la misma, han puesto en manos de los docentes el uso de la nueva tecnología, que elevará a niveles superiores el resultado de los alumnos.

(*) Texto elaborado con base en la entrevista realizada a Jesús Rodríguez Izquierdo, inspector y delegado del Ministerio de Educación de Cuba, quien se encuentra en Colombia, junto con seis expertos más, asesorando al país en el desarrollo de Planes de Mejoramiento de la calidad y pertinencia, y brindando asistencia técnica a los municipios de Quibdó, Buenaventura, Tumaco y a la isla de San Andréस।।http://www।mineducacion।gov।co/1621/article-87178.html

Les trascribo un artículo que reconoce el liderazgo de Cuba en la evaluación docente. Parte de la confianza en los maestros, de una cultura de evaluación para mejorar a los aprendizajes de los educandos y la formación del docente, y que esta última es responsabilidad del Estado. Tiene un sentido democrático porque la evaluación de los docentes es con participación de los padres de familia y el sindicato de los maestros. Incluso si el profesor obtiene resultados deficientes en su evaluación (algo que es mínimo 1 o 2%) el estado asume su responsabilidad y le paga los estudios de recalificación y no supone (como hace el neoliberalismo) que "es problema de él" (del profesor con esos resultados)

¡Todo lo contrario a lo que hizo el Ministerio de Educación de Alan García, José Chang y compañía (…) concibiendo que todos los docentes que están en la CPM son mejores y deben ser revalorados económicamente, cuando en realidad la mayoría no evidencia cambio cualitativo alguno en su desempeño y lo peor, les han hecho creer que lo merecen ...

lunes, 11 de abril de 2011

LA ÉTICA EN LA FUNCIÓN PÚBLICA

Por: Hipólito Percy Barbarán Mozo

La corrupción es un tema muy amplio y complejo para ser abordado mediante un artículo, pero sí se puede analizar algunos rasgos que lo caracterizan. Este término se ha instalado en el lenguaje cotidiano como una expresión de falta de ética. La Real Academia Española define al verbo "corromper" como "alterar o trastocar la forma de alguna cosa". La "forma" es, para la tradición escolástica, la naturaleza de algo, el fin para el que ese algo existe. En consecuencia, cualquier hecho o acción que altere la forma; en este caso, la función pública, es desnaturalizar, es corromper, es señal de corrupción. Habitualmente se cree que la corrupción es exclusivamente de la clase política, sin embargo, ésta se ve reflejada en las instituciones a través de sus funcionarios y además todos podemos desnaturalizar nuestra misión.


Por su parte, la RAE define a la ética como "parte de la filosofía que trata de lo moral y de las obligaciones del hombre". El pensamiento kantiano señala que la ética forma parte del conjunto de las ideas, que no pertenece ni puede pertenecer al de los objetos reales, porque no son nociones de algo, sino nociones para algo. Para la ética principista, los actos humanos son buenos o son malos según su intencionalidad e independientemente de su resultado, la única cosa buena en el mundo es la buena voluntad. Otra escuela, cuya visión es más utilitarista y pragmática, sostiene que el aspecto más importante de la conducta humana no es la intención sino el resultado. Por lo tanto, la ética no solamente tiene que ver con el acto interior, sino también con las acciones y especialmente con la coherencia entre el acto y la acción.


En ese sentido, la función pública es la acción que realiza un individuo para contribuir a la buena marcha de la colectividad humana, esto implica que no se puede ejercer la función sin conocimiento de lo que se hace, sin libertad y sin responsabilidad. Entonces, el ejercicio de la función pública es un acto ético, de carácter personal, pero con finalidad social. Por esta razón, el funcionario público que labora en cualquier escenario institucional debería conducirse en armonía entre los intereses personales y el bien común.


En base a las premisas descritas y en el marco del la Ley del código de ética de la función pública. Ley Nº 27815 y su reglamento Nº 033-2005-PCM,se puede afirmar que algunos funcionarios que actualmente dirigen las instituciones del sector educación en particular, vienen trasgrediendo los principios de respeto, probidad, eficiencia, idoneidad, veracidad, lealtad, justicia y la equidad; así como las obligaciones de neutralidad y transparencia, establecidos en los artículos 6, 7 y 8 de dicha norma.


En la práctica de la ética en la función pública, el principio de respeto implica que el funcionario adecue su conducta hacia el acatamiento de la normas, garantizando el cumplimiento de los procedimientos administrativos; la probidad involucra la actuación con rectitud, honradez y honestidad para satisfacer el interés general; la eficiencia es el cumplimiento de cada una de las funciones a su cargo; la idoneidad es entendida como la aptitud técnica, legal y moral que debiera tener el funcionario, etc. Estas y entre otras son condición esencial para el acceso y ejercicio de la función pública.


El concurso público es una excelente metodología para auscultar cuál de las personas que quieren acceder al cargo es más idónea. Desgraciadamente por la “audacia” que tiene el ser humano para desnaturalizar las cosas, los concursos se han convertido en procesos para consolidar decisiones ya tomadas; de igual manera los criterios para designar el cargo de confianza por parte de gobierno de turno, tampoco acierta en este principio. Por eso, es muy común tener funcionarios cuya correspondencia entre el cargo y la idoneidad no existe. En cambio, uno de los defectos más frecuentes, es el típico funcionario ignorante, es decir, cuando la persona tiene el cargo "de" pero no la preparación "para". Puede tener capacidad, pero no preparación. Uno se pregunta ¿Cómo llegó? (…) Al ignorante hay que enseñarle todo y es una espina irritativa para el resto del personal. Si el ignorante tiene capacidad y deseo de aprender, es recuperable; si no puede o no quiere, pasa a la categoría de incapaz irrecuperable. En efecto, el incapaz es el funcionario que tiene el cargo "de", pero nunca va a tener idoneidad "para"; es más grave que el ignorante. Suele tener padrinos que lo hacen intocable. Es presuntuoso, creído, petulante y a veces se siente hasta en condiciones de dar consejos de moralidad. Para un empleado es muy difícil tratar con un jefe incapaz y viceversa. Al inexperto uno lo puede capacitar, pero el incapaz no entiende por qué y se siente perseguido. Cuando el incapaz es jefe, se crea un ambiente de mediocridad en la institución. Siempre rechaza los planteos de crecimiento que se le proponen por no comprenderlos o por miedo a conducirlos. El funcionario haragán, este tiene el cargo y la idoneidad, pero no tiene ganas de trabajar. Este personaje, no siente una carga ética, ya que para él es un estilo de vida. La pregunta que debiéramos hacernos es ¿Es ético dejarlo continuar con su actitud? Todos tenemos colegas haraganes que cobran sin trabajar. Se espera que un superior le llame la atención o que él cambie de actitud. Generalmente no sucede ni uno, ni lo otro. Todos y cada uno somos responsables por la inmoralidad pública, pero fundamentalmente aquellos que, teniendo el poder necesario para ordenar la sociedad en perspectiva del bien común, no lo hacen. También, existe el funcionario inmoral, esta persona tiene el cargo comprado por dinero. Es un individuo que se deja o ejerce el prevaricato, el soborno y todo matiz de corrupción.


También existen los excesos, es decir, funcionarios que hacen más de lo que les corresponde por su función. Hay tres formas de excesos, el auténtico, es aquel empleado que cuando falta alguien por razones justificadas, lo cubre. Tiene una actitud de servicio plena. El desatinado es aquel que hace lo suyo más lo que debiera hacer el ignorante, el incapaz y el haragán. Lo de él ya no es generosidad, sino complicidad, porque lo que debe hacer es poner en evidencia lo que el ignorante no sabe, lo que el incapaz no puede y lo que el haragán no hace. Dicho de otra manera, debe hacer que el ignorante aprenda, el incapaz tome conciencia de lo que es y que el haragán trabaje. Por último, el funcionario sabandijo es aquel que hace más de lo que debe, pero sólo por ansias de poder o ganarse el cargo a como dé lugar, sin importar su dignidad ni la de los demás. Se interesa por conocer todo el funcionamiento para volverse indispensable y busca crear dependencia y enfrentamiento entre los demás.


De todo lo descrito hasta aquí, se infiere que el ejercicio de la función pública es un acto ético que todo funcionario, nombrado, contratado, con puesto encargado por concurso o por confianza del gobierno, etc., independientemente de su jerarquía dentro de la institución en la que labora, está supeditado a actuar en coherencia con los principios, deberes y prohibiciones del código de ética, y sobre todo debe conducirse en armonía entre el interés personal y el bienestar colectivo concordante a la misión y visión de la institución. Por todo ello, exhorto a todos los funcionarios del sector educación a examinar críticamente sus acciones y por consiguiente a deslindar y tomar distancia de todo aquello que les haga cómplice de la mediocridad (…) y a los empleados públicos y la sociedad civil organizada a ejercer la vigilancia para el cumplimiento de las normas, identificando el rasgo de los funcionarios de nuestras instituciones, para saber si son ignorantes, incapaces, haraganes, inmorales o sabandijos. Solo cuando alcancemos tener conciencia de la ética como teoría y práctica, lograremos minimizar la corrupción.

Probablemente los errores superen a los aciertos; pero debemos sentirnos tranquilos cuando pensamos que cada cosa hecha, cada toma de decisión, los emprendimientos, las propuestas de solución, y en sí cada acto de nuestra gestión, equivocado o no, debe lucirse siempre teniendo en cuenta el desarrollo individual y colectivo de la comunidad educativa, bajo el convencimiento de que, como decía Jorge Luis Borges: "Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena... "

lunes, 7 de marzo de 2011

EL MÉRITO A LA CORRUPCIÓN


Por: Hipólito Percy Barbarán Mozo

Hace unos años cuando se gestó y aprobó la Ley Nº 29062 más conocida como Ley de Carrera Pública Magisterial, la docencia en general se preguntaba ¿Por qué y para qué una nueva Ley? La respuesta contundente de sus promotores fue la siguiente: Para responder la demanda social de una educación de calidad que contribuya al éxito del aprendizaje del alumno, protagonista principal; por la necesidad de contar con una legislación para el profesorado que permita “hacer carrera” y así revalorar la profesión para que los mejores egresados de la secundaria opten por estudios de pedagogía y se pueda lograr que la función docente sea una actividad principal y no accesoria; para mejorar la calidad del docente, exigiéndole no sólo competencias profesionales que garanticen una calidad en la enseñanza, sino cualidades éticas probadas que sean ejemplo para los alumnos; para buscar el equilibrio entre lo que se exige y lo que se ofrece; para reconocer el mérito y esfuerzo del docente; entre otros argumentos.

Sin embargo, las acciones para mejorar la educación, en la concepción del Ministerio de Educación son los exámenes que deben rendir los docentes para acceder a una plaza de contrato, nombramiento o para ascender a un nivel mayor en la carrera. Obtener una buena nota en el examen más un expediente documentado que acredite su trayectoria profesional, es considerado como un mérito que se premia aumentando los ingresos económicos. Esta concepción está destruyendo aún más la anhelada calidad de la educación, aunque en apariencia parecería que iba a mejorarla. Una falacia muy finamente edificada que va arruinando las instituciones educativas y la profesión docente en particular. Por ejemplo, los docentes que ya están en la CPM, tienen un ingreso mayor según el nivel educativo respecto a los docentes que no lo han hecho todavía. Ambos tienen a su cargo un grupo de estudiantes en una Institución Educativa; el docente que gana menos, ahora se encuentra desmotivado, porque hace el mismo trabajo que el otro docente que gana más. ¿Dónde está la diferencia? … El hecho es que, donde antes había un trabajo más o menos en equipo a nivel de grado o a nivel institucional, como es el caso de varias escuelas y colegios, esa unidad ha sido resquebrajada, y con ello pierden todos los estudiantes y padres de familia.

Pero, eso no es todo, se cuestiona por una parte, la manera cómo los docentes adquieren la nota catorce y cómo documentan su expediente para acceder a la atractiva CPM y por otro, el afán desmedido del gobierno para dejar implementado esta ley a como dé lugar, pese a las observaciones y recomendaciones hechas por el CNE, Foro Educativo y el SUTEP; es decir, en vez de revalorar la profesión docente y reconocer el mérito a los años de estudio y esfuerzo, a las competencias profesionales, al conocimiento y experiencia pedagógica, al desempeño, etc.; y todas las demás bondades publicitadas; lo que se está consiguiendo es desprestigiarlo socialmente aún más. Para demostrar esta aseveración, basta recordar los sucesos recurrentes desde que se inició el proceso de implementación de la CPM; el más reciente conllevó a postergar el último examen para el domingo 27 de febrero.

En efecto, los múltiples casos denunciados y confirmados, y otros sin denunciar ocurridos en Ayacucho, Trujillo, Cajamarca, Puno, Cusco, Lima, Ica, San Martín, etc., respecto a la filtración y el negociado a cualquier precio de pruebas y claves horas antes del examen; la abundancia de prevaricadores y perversos empleados en todos los ámbitos del sistema, que aprovechan esta situación para beneficiarse económicamente; así como también, los propios docentes desesperados e inseguros de su capacidad, igualmente incurren en la misma falta. Por su parte, el Ministerio de Educación y sus funcionarios tratan de minimizar las evidencias inocultables; nos revelan explícitamente que el proceso de implementación desesperada de la CPM está agudamente corrompido y sin legitimidad. La duda y la desconfianza se empoderan de la comunidad educativa y surgen preguntas que no tienen respuesta: ¿Cómo se filtra la prueba? ¿Quién o quiénes están detrás de todo esto? ¿Qué porcentaje de los que han aprobado merecen reconocimiento y que porcentaje han hecho fraude? ¿Cómo demostrar que la ley favorece la meritocracia? …

Definitivamente, estas denuncias de robo y venta de pruebas, son sistemáticas e indignantes porque han viciado el proceso de la CPM a tal punto que ya no existe credibilidad y no tiene sentido incorporarse, porque está demostrado que los docentes que logran sobrepasar la valla del catorce, predominantemente lo hacen de manera ilícita, salvo honrosas y muy escasas excepciones. Entonces, podemos afirmar que la CPM está depreciando a nuestra profesión, porque la única cualidad que reconoce, es el mérito al plagio de documentos, a la inhonestidad intelectual, al patrocinio, al soborno, al fraude, la prevaricación, al compadrazgo, al nepotismo, a la impunidad, a la ilegalidad, etc. Todas estas formas de corrupción y falta de transparencia campean en las instancias descentralizadas del sector educación y demás instituciones públicas y privadas.

En suma, la CPM “reconoce y valora” el mérito a la corrupción, porque cada día se adelgaza el tejido social; al disminuir la confianza en la docencia, en las instituciones educativas, en el gobierno y en el propio sistema; también afecta el nivel ético de la sociedad en su conjunto. En la medida en que la corrupción se generaliza, los escrúpulos éticos se van perdiendo y dañan indirectamente la salud física y mental de la población. En consecuencia, el problema de la corrupción tiene origen social, económico, político y ético, es un fenómeno que afecta a todos los actores educativos, y entre todos debemos buscarle solución; considero que los docentes tenemos gran parte de culpabilidad, pero avasalladoramente, es la clase política de los últimos gobiernos de turno en la que recae toda la responsabilidad.

Los maestros sabemos que la calidad educativa no se logra solamente con talleres o cursos de capacitación, pero si es una obligación moral de cada maestro estudiar continuamente aspectos inherentes a la profesión para educar con más pertinencia a nuestros estudiantes. Si no somos buenos en nuestra especialidad y nivel no deberíamos estar en el aula como maestros. Nuestro cerebro necesita diariamente alimentarse con la lectura y por tanto de conocimiento, pero no tanto como se pregona y se nos quiere hacer creer, que al aprobar el examen para ingresar a la CPM y/o participar en una capacitación, garantiza que ya somos buenos maestros. Por eso, estimados maestros del Perú estudiemos y defendamos nuestra profesión y los derechos del magisterio que está en la ley 24029 y su modificatoria la ley 25212, porque es muy lamentable, la miopía investigativa, el vacío prospectivo y la ignorancia política. No es que tengamos miedo a un "partidarizado examen" o mamarracho de evaluación sino que... ¡la defensa de nuestros derechos, nuestra inteligencia y la responsabilidad social, están primero que los intereses de la mafia "educativa" neoliberal!

lunes, 29 de noviembre de 2010

Los riesgos de la comunicación global

Por: Alfredo Herrera Flores

Hasta hace unos quince años, nada más, los ciudadanos estábamos realmente impedidos de opinar o comentar alguna noticia aparecida en los diarios o los noticieros televisivos y radiales, salvo cuando uno se animaba a escribir una carta al medio de comunicación, la que además debía ser notarial y pasar por la exhaustiva revisión de los editores. Por entonces nos limitábamos a conversar sobre las noticias en las sobremesas familiares, los corrillos de oficina, taxis o las barras de los bares.

Sin embargo, el rápido desarrollo tecnológico de los medios de comunicación, internet de por medio, que ha dado como resultado final que estemos imbuidos en la autopista de la información o la comunicación global, nos ha permitido acceder de manera directa, y hasta en tiempo real, a los medios de comunicación. Esto, que parece un beneficio, más bien pone a los ciudadanos interesados en opinar en un ambiente virtual lleno de riesgos.

Uno de los derechos, y obligaciones, de los ciudadanos de primera categoría, es decir de aquellos que además de saber leer y escribir conocen de sus derechos y deberes y saben cómo hacerlos respetar, es precisamente participar en la vida social, política y cultural de su sociedad. Los medios de comunicación, desde hace cientos de años en que se han institucionalizado, cumplen la función de ser el espacio en el que esa vida social, política y cultural se hace tangible.
Los sistemas sociales, de gobierno y de poder han matizado los alcances del ejercicio de ese poder. En democracia o dictadura, los medios de comunicación han sabido canalizar la opinión de la sociedad, de sus ciudadanos, pero no siempre les han permitido a ellos, con nombre y apellido, acceder a sus páginas.

La comunicación global, que desde hace algunas décadas ha roto las barreras del tiempo y la distancia, así como las fronteras geográficas y de idioma, tiene entre sus virtudes la de permitir el diálogo directo y real entre personas e instituciones, literalmente desde cualquier parte del planeta. Pero también tiene serios riesgos, entre los que hay que destacar el de despersonalizar al individuo y someterlo a la vergüenza pública, algo así como en la época medieval, en que las personas, culpables o no de algún delito, eran sometidas a la vejación social siendo mostradas en la plaza pública, donde no solo eran vistas como un bicho raro sino expuestas al insulto, el escupitajo, el tomatazo o la pedrada.

Basta con abrir en la red la página de cualquier medio de comunicación para encontrar, debajo de cada una de sus noticias, un enlace en el que se permite hacer un comentario. Hay noticias que alcanzan a tener decenas de comentarios de los lectores, algo que, como dije, era inimaginable hace solo un par de décadas. Sin embargo, la gran mayoría de esos comentarios contienen frases incoherentes, dos o tres monosílabos que quieren decir que el lector está de acuerdo o en desacuerdo con la información, oraciones llenas de faltas de ortografía y, lo que se ha hecho cada vez más común, son insultos al autor de las informaciones o a los protagonistas de la noticia.
El mayor riesgo de este sistema de comunicación es el drástico descenso que se ha registrado en la calidad del debate que debe generar un medio de comunicación, en consecuencia se afecta al idioma mismo y finalmente a la cultura de una sociedad. Pero ese riesgo se traslada al individuo, que aunque firme su comentario con nombre y apellido, ha dejado de ser un personaje importante en el proceso comunicacional que la tecnología ha abierto.

Las secciones de comentarios no solamente están llenas de insultos y groserías, sino que se han convertido en una suerte de basurero del lenguaje en el que, felizmente cada vez más personas con cordura, evitan estar. En lugar de enaltecer al ciudadano, lo rebaja al peldaño de inculto y advenedizo, una suerte de “cargador y alcohólico que no sabe lo que dice”.
No creo que estas afirmaciones sean duras u ofensivas, si no, repasen los comentarios de cualquier diario, especialmente de aquellos en los que el autor se presenta con nombre y apellido y trata de defender sus ideas con la lógica del lenguaje y el sano espíritu del debate cultural, para ver cómo le responden con frases irreproducibles, insultos y hasta amenazas, pero lo peor de todo es que estos comentarios están tan mal escritos que lo único que provocan es risa y, lamentablemente, que se les falte el respeto en el siguiente comentario.

Los propios medios de comunicación no se salvan de estos serios riesgos. En su afán de mantenerse al día mediante sus permanentes actualizaciones de informaciones, los editores descuidan el rigor con que se debe corregir una información y caen en faltas de ortografía que, en los ojos de un buen lector, son notorias y le restan el respeto que debe infundir cualquier medio de comunicación. Mientras más errores de ortografía, sintaxis o de información contenga un periódico, revista, blog, radio emisora o cadena televisiva, menor será su credibilidad y los lectores le irán perdiendo el respeto, precisamente a través de sus comentarios.

Un autor que relee su información y encuentra comentarios groseros, insultantes, ofensivos o “simplemente” mal escritos, se decepciona de sus lectores, les pierde el respeto y hasta disminuyen sus ganas de seguir aportando al desarrollo de su comunidad con sus comentarios u opiniones. En cambio, si encuentra comentarios inteligentes, oportunos, bien informados y mejor escritos, no hace más que mejorar en su siguiente artículo, debate con más ímpetu y hasta felicita a su lector por sus contribuciones al debate, de paso, el medio de comunicación se hace más respetable.

La comunicación global es un gran beneficio, nos ha acercado culturalmente, pero ha puesto en riesgo nuestra calidad de personas y de sociedades. Creo que nadie quisiera estar en una lista de personas o sociedades ignorantes, idiotas o imbéciles, pero ese es tal vez el mayor riesgo de la comunicación global, que por abrir las puertas de la opinión de par en par, se han filtrado los analfabetos, no aquellos que por circunstancias de injustica y pobreza han quedado sin saber leer ni escribir, sino de quienes sabiéndolo no saben dónde poner una tilde y confunden el insulto, la mofa, el agravio y la injuria con la opinión, o la libertad de expresión, lo que nos convierte, entonces, en ciudadanos de última categoría.

sábado, 16 de octubre de 2010

La experiencia pedagógica

Por: Hipólito Percy Barbarán Mozo

La palabra experiencia sigue siendo ampliamente empleada en todos los ámbitos de la actividad humana, se pueden escuchar habitualmente expresiones como: "la experiencia es el mejor maestro”; “tengo muchos años de experiencia en el cargo”; "no pudo resolver el problema por falta de experiencia”; "cometió ese error por no tener experiencia"; o el simple hecho de trabajar varios años en lo mismo, hace que se diga “tengo mucha experiencia”, inclusive se ha llegado a decir también que “la antigüedad es clase”, etc.; como se puede apreciar el significado del vocablo cambia según el contexto y circunstancias en que se usa. Ciertamente, se sabe que tanto el ser humano como también muchos animales pueden obtener esta forma de conocimiento llamada experiencia a lo largo de sus vidas.

Sin embargo, en la mayoría de estos casos, el concepto de experiencia habitualmente se refiere al conocimiento procedimental (cómo hacer algo), en lugar del conocimiento factual (qué son las cosas) Pero, realmente ¿Qué es la experiencia?, y ¿Qué se entiende por experiencia pedagógica?, o cuando un docente manifiesta tener veinticinco años de experiencia en el aula ¿A qué se refiere? …

La palabra experiencia según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, proviene del latín experientia, formada por el prefijo ex (echar afuera) y periri (tratar, probar); es decir, lo que se aprende al probar o experimentar, y lo define como: Hecho de haber sentido, conocido o presenciado alguien algo; práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo; conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas; circunstancia o acontecimiento vivido por una persona; y el término pedagógico o pedagógica es un adjetivo perteneciente o relativo a la pedagogía; la cual es una ciencia cuyo objeto de estudio es la educación. En efecto, la experiencia pedagógica, es la práctica educativa desplegada y reflexionada por el docente en el tiempo y el espacio, con el propósito de contribuir a la pedagogía y la didáctica con conocimiento teórico y práctico, útil para la docencia en general.

En ese sentido, el ejercicio de la docencia es un espacio donde la experiencia pedagógica tiene un valor muy importante que se refleja en el desempeño docente. Aunque, el simple hecho de tener varios años enseñando y aprendiendo, no asegura que tengamos una vasta experiencia y debamos tranquilizarnos como para dormirnos en nuestros laureles. Porque, cuando se habla de experiencia, de ninguna manera se trata del simple paso del tiempo: en todo caso, eso es antigüedad, y aunque se han empleado como sinónimos, distan mucho de serlo. La experiencia no es escalafonaria y tampoco constituye el resultado de un proceso automático.

De modo que, decir "tengo experiencia" implica tener conocimiento sobre educación o tener habilidad sobre la práctica pedagógica inherente al desempeño docente en sus diferentes dimensiones, la cual se obtiene a través de la reflexión permanente sobre la enseñanza y el aprendizaje por ejemplo; esto hace que tengamos acceso a nuevos aprendizajes. La sola práctica no basta, si de por medio no hay reflexión sobre aquello que hicimos. Lo hecho se convierte en experiencia, en la medida en que nos preguntamos qué hicimos bien, qué podemos mejorar, cuáles aspectos pueden ser reforzados, cómo debemos o podemos hacerlo, qué fallas hubo, etc., en perspectiva de contribuir con un aporte teórico - práctico a la pedagogía y/o la didáctica; lo cual significa sistematizar la experiencia, dimanada de la reflexión, la experimentación y la investigación educativa.

En cambio, si el docente repite formas de trabajo al infinito sin modificación, cambio o cuestionamiento nos puede brindar destreza o habilidad, a veces positiva; pero también puede ser negativa, estéril y rutinaria que impide toda posibilidad de cambio, mejora e innovación. Entonces, cuando algunos maestros se jactan diciendo tengo veinte años de experiencia, puede ser que tengan veinte años haciendo lo mismo, sin ninguna reflexión y por consiguiente un trabajo repetido e improductivo.

Colegas maestros, la decisión es nuestra; seguimos acumulando tiempo o hacemos que la experiencia pedagógica cumpla su cometido; es decir, hacer de la práctica una teoría pedagógica nuestra, para poder decir en los próximos años que los docentes peruanos hemos ligado e integrado la teoría con la práctica, porque sólo cuando hayamos aprendido a deslindar y tomar posición de clase, a tener un punto de vista crítico y sobre todo apliquemos el método científico y las enseñanzas de los grandes maestros que han aportado a la educación peruana y, partiendo de análisis crítico de la educación peruana en el devenir histórico, estaremos dando un paso adelante para realizar, en todos los terrenos, creaciones teóricas que respondan a nuestras necesidades.

domingo, 18 de julio de 2010

FELIZ DÍA MAESTRO

CARTA ABIERTA A LA COMUNIDAD EDUCATIVA EN EL DÌA DEL MAESTRO
Perú, 6 de julio del 2010
Por medio de la presente misiva, me dirijo: a los gobernantes de turno nacional, regional y local, a las autoridades educativas del sector educación, a la comunidad docente, a los padres y madres de familia, a los estudiantes y al público en general para saludarles y compartir con ustedes una reflexión en homenaje al maestro. Quien hoy escribe no es candidato en las próximas elecciones, ni funcionario del Ministerio de Educación, ni especialista de alguna Dirección Regional ó UGEL, menos asesor del gobierno en materia educativa; lamentablemente, tampoco dirigente sindical. La simple condición de ser maestro, es la que me motiva compartir mi profundo sentimiento de preocupación por el destino del Perú y la educación en particular que se viene impartiendo en nuestra patria, en este período dramático en la que existe incertidumbre, decepción, cólera y angustia.

Por eso, el día del maestro, además de ser un día de “festejo y embriaguez” debe ser un día de profunda reflexión en perspectiva de recuperar la dignidad y el respeto a la función social del maestro… Hace algunas décadas atrás, una frase atribuida al maestro universitario Ricardo Dolorier estuvo presente por mucho tiempo en los labios de cientos y miles de maestros: "Ser Maestro en el Perú es una forma muy difícil de vivir. Ser Maestro en el Perú es una forma muy hermosa de morir" frase que inspiraba el buen desempeño y cumplimiento del deber pese a la grave situación económica y la violencia política que amenazaban a nuestro país y a los educadores. Los años de violencia que motivaron esta frase han pasado; sin embargo, hoy existen nuevas formas de intimidación que amenazan al magisterio peruano: De un lado está la apatía, la indiferencia y la rutina, “cuando no” también la escasa responsabilidad en el cumplimiento del deber y la falta de costumbre para rendir cuentas de nuestra labor a la comunidad... y del lado de los gobernantes, existe una actitud embaucadora expresada en múltiples acciones para desacreditar al maestro y la carrera pública del profesorado, como la promulgación de la Ley Nº 29510, dispositivo que pulveriza la Ley Nº 24029, Ley del Profesorado; por eso, muchos colegas vienen entendiendo que fiel a su pasado el régimen aprista exhibe otra vez la escopeta de doble cañón. Simulando que su prioridad es la calidad educativa, al promover las evaluaciones, capacitaciones y perfeccionamiento del profesorado, ciertamente, con fuerte financiamiento internacional. Pero, en los hechos exhorta la liberalización a ultranza del servicio docente, abriendo las puertas a otros profesionales sin formación pedagógica para ejercer la docencia, creyendo equívocamente, que es suficiente el dominio de una materia para de hecho poder enseñarla un aprendiz. Esto no es así, el dominio de una materia, es cierto, constituye una condición necesaria para enseñarla, pero no es condición suficiente. Saber una materia es una cosa y saber enseñarla es otra.

En este contexto, resulta inexcusable ejercer la crítica y autocrítica seria y alturada ante la actual política de gobierno y sobre todo ante nuestra labor educativa; para deslindar responsabilidades y asumir el papel de vanguardia, el rol de concientizador y de líder social, tal como postuló el gran maestro José Antonio Encinas.
En ese sentido, la actitud del señor Presidente de la República y su política educativa, refleja claramente la falta de voluntad para resolver el problema educativo. Pues, sigue reproduciendo desigualdades sociales, con un sistema que estratifica y divide al sector y al magisterio en particular. Una política notablemente incoherente en la práctica respecto a las tendencias de la calidad, equidad y pertinencia educativa. En suma, no hay conciencia de que la educación es un derecho, puesto que en todo momento se ha obviado la participación y el diálogo necesario con los docentes para encontrar una salida a la crisis de la educación. Su política neoliberal ha generalizado una afrenta permanente contra el magisterio peruano, generando una campaña de desprestigio contra el maestro, transgrediendo nuestros derechos laborales. ¿Por qué se desmerece nuestra voz y la experiencia profesional ganada en base sacrificios en medio de las exclusiones sociales, económicas, políticas y culturales? ¿Qué representamos los maestros peruanos para su gobierno? ¿Profetas que predicamos en los campos desiertos del olvido gubernamental? Reproductores de las desigualdades sociales del modelo neoliberal o formadores de una nueva conciencia social en la juventud, para erradicar décadas de oprobio y marginación social a la que nos han conducido las diversas clases dominantes afincadas en el poder del estado. ¡Quizás por eso se nos persigue y ataca!… Usted señor presidente no tiene moral ni derecho alguno para hablar de libertad, democracia y derechos humanos cuando en nombre de libertades y flexibilidades económicas y comerciales condena al hambre y la miseria a millones de peruanos. ¿Cuál es el futuro del país que usted sueña con la educación neoliberal que promueve? ¿Qué tipo de hombres y mujeres quiere formar en un país abierto al capital transnacional y a la venta a casi precio de regalo de nuestros recursos naturales?… Moralmente, los docentes tenemos el deber de fomentar la identidad y la defensa de la patria en los educandos, así como la firme convicción de promover una sociedad más justa. Sería una traición a la patria y al deber que tenemos con nuestros alumnos, no denunciar los intentos de municipalizar la educación para que las Instituciones Educativas sean gestionadas como “empresas privadas” y abandonar su responsabilidad como Estado y por otro lado su prerrogativa de vender el Perú al gran capital por pedazos.

Por nuestra parte, nos corresponde hacernos una auscultación profunda respecto al rol social que tenemos como maestros. Pues, si de algo nos deberíamos sentir culpables, es de no haber tenido la suficiente capacidad organizativa y firmeza para hacer frente al gobierno y su política educativa a la cual pretende someternos. Puesto que, progresivamente el colectivo de maestros de todos los niveles educativos, nos hemos convertido en inofensivos, sin ideales, sin impulsos vitales, sin convicciones humanas, sin sensibilidad social, sin emotividad ideológica; es decir, en maestros indiferentes, alienados y cómplices de todo aquello que se está implementando. Precisamente, éstas son las piezas perfectas que requieren las clases dominantes para imperar. A todo esto, se suma nuestra actitud profesional, donde resalta la negligencia pedagógica y de gestión que en la mayoría de las instancias “descentralizadas” del Ministerio de Educación se evidencia como algo natural; es decir, tanto maestros como funcionarios somos predominantemente anómicos, porque infringimos las normas, reglamentos, deberes y derechos con frecuencia, sin que nadie diga nada. Por ejemplo, hasta ahora, existen aún órganos de participación que no propician la gestión participativa en cada nivel de gobierno, Instituciones Educativas con PCIs desarticulados, docentes que no tienen programación curricular, etc. Entonces, cabe preguntarse y reconocer de quién es la obligación ¿Del Estado o de los maestros?

Considero, que quienes hemos asumido la delicada misión de educar en el Perú, tenemos una obligación moral con nuestros estudiantes y la sociedad en general: Ofrecerles oportunidades de aprendizaje debidamente planificadas y bien dirigidas para desarrollar paso a paso los procesos cognitivos, como el lenguaje y el pensamiento, en un marco de “complementariedad de saberes entre el educador y el educando” en relación reciproca con la naturaleza y la sociedad” No hacerlo, es una manera de lapidar nuestra profesión y de morir en vida. Necesitamos de educadores renovados en su misión, su formación y su compromiso social, de formar a los educandos que viven en el mundo de hoy. En efecto, ¿Es posible renovar al magisterio peruano desde esta visión del cómo debe ser un educador comprometido con su vocación y con el pueblo al que está llamado a servir? ¿Es posible el cambio docente a favor de la dignificación de nuestra carrera? Creo que sí, al no hacerlo perderemos definitivamente nuestra razón de ser como portadores del conocimiento, la cultura, la innovación, y todo aquello que sea necesario para la edificación de la sociedad con justicia social para el desarrollo integral y sostenible. Si el magisterio en su conjunto no cambia, la sociedad peruana corre el riesgo de perder irremediablemente uno de los factores claves de su desarrollo.
Entonces, ya es hora que los maestros tomemos una decisión, tanto individual como colectiva para reorientar el camino, renovar nuestra visión de futuro; exigir al estado y el gobierno para que cumpla con la obligación de financiar la educación, a fin de que se logre los resultados esperados… Los compromisos del Acuerdo Nacional para incrementar el presupuesto de educación hasta llegar a un mínimo de 6% del PBI, tiene que cumplirse en el más breve plazo si existe voluntad de darle a la educación el lugar que le corresponde como instrumento estratégico de desarrollo nacional. Para ello, necesitamos maestros auténticos con habilidades y destrezas intelectuales, dispuestos a aprender y enseñar con humildad y dedicación.

Colegas maestros, seamos enfáticos y claros respecto al sistema educativo peruano del cual somos parte; éste no tendrá éxito jamás en la forja de ciudadanos libres; si no se cuenta con educadores formados integralmente, con maestros altamente motivados y capaces para realizar su labor, si no se reorganiza y potencia las instancias descentralizadas del MED, si no se realiza un eficiente monitoreo y acompañamiento pedagógico sistémico, y sobre todo, si no se invierte más en educación. Entendamos de una vez, que todo eso implica una responsabilidad compartida entre el magisterio, el gobierno y el Estado.
En consecuencia, asumir el más alto cargo, el de ser maestro en el Perú, no solo implica conocer técnicas pedagógicas y algunas disciplinas científicas de manera elemental, es mucho más que eso, se requiere tener vocación de servicio y entrega para vivenciar en la praxis y en los estudiantes, principios y valores superiores que dignifiquen la condición humana. Ser maestro, demanda solvencia académica y responsabilidad social ante todo, para encauzar con audacia las tendencias globalizadoras con el propósito de embrionar y gestar el porvenir en cada espacio donde ejercemos nuestra profesión.

Por eso y otras razones, maestros y maestras desde escuelas unidocentes y superior de Picota, San Martín y el Perú, les hago llegar un saludo y abrazo magisterial con identidad peruana, por nuestro día, día de reconocimiento, reflexión y análisis de nuestra tarea frente a la educación…
Prof. Hipólito Percy Barbarán Mozo

LA AUTONOMÍA ESCOLAR DESDE LA PERSPECTIVA NEOLIBERAL

LA AUTONOMÍA ESCOLAR DESDE LA PERSPECTIVA NEOLIBERAL


Por: Hipólito Percy Barbarán Mozo


Después de casi una década de haberse iniciado y acentuado el proceso de descentralización en el Perú y en San Martín en particular, es necesario hacer una breve revisión de los avances o “retrocesos” que se ha tenido en materia de gestión educativa, desde la percepción de los propios actores e impulsores a nivel de las instituciones educativas y el gobierno local de ésta parte del país. No obstante, la arquitectura normativa promulgada desde el 2002, como la Ley Bases de la Descentralización N° 27783 y la Ley General de Educación Nº 28044, marco normativo amplio que señala el derrotero por donde guiar este proceso, correspondiendo a la sociedad civil organizada y representada en sus órganos de participación; para participar, concertar y vigilar. Al parecer las bases legales están muy claras, pero en el transcurso de su implementación surgen limitaciones y confusiones entre los actores educativos, que requieren ser escudriñadas para esclarecernos respecto a las bondades que trae consigo, porque el tiempo transcurre y la anhelada calidad educativa cada día se hace más incierta e inalcanzable.

De acuerdo a la Ley General de Educación; las Direcciones Regionales de Educación (DRE), las Unidades de Gestión Educativa Local (UGEL) y las Instituciones Educativas (II.EE) son las principales instancias descentralizadas del sistema de gestión de la educación peruana y en cada una de ellas, la norma señala la creación u organización de “espacios” de participación como, los Consejos Educativos Institucionales (CONEI), los Consejos Participativos Locales y Regionales (COPALE Y COPARE) respectivamente, los cuales deben liderar el proceso de descentralización del sector. En ese marco, en nuestra región se viene impulsando la implementación de dichas políticas en cada instancia descentralizada, mediante la elaboración colectiva de instrumentos de gestión como: el Proyecto Educativo Institucional (PEI), el Proyecto Educativo Local (PEL) y el Proyecto Educativo Regional (PER). Por su parte, las autoridades educativas, políticas y funcionarios de la región le concierne impulsar, movilizar recursos y formalizar las iniciativas para una efectiva descentralización educativa en la región San Martín. En ese contexto, el PERSAM se gestó con el propósito de convertir la educación en un instrumento de progreso, que forme ciudadanos competitivos, con capacidades arraigadas en los bienes culturales, científicos, tecnológicos, sociales y morales. Una educación sin exclusión social, comprometida con los valores ético morales, el respeto a las diferencias, en busca de una responsabilidad generacional de convivencia y tolerancia entre las personas, el medio ambiente y las culturas.

En consecuencia, la descentralización educativa ha sido y es uno de los lineamientos de política de los últimos gobiernos que más se ha priorizando, motivados por la promesa de mejorar simultáneamente la eficiencia, la calidad, la equidad y la pertinencia de la educación. Sin embargo, la mayoría de estas ofrendas permanece incumplida o tiene escaso impacto sobre la educación en el aula o los aprendizajes en particular. Asunto que debe preocupar a todos los actores que estamos involucrados en los diferentes niveles de gestión del sistema.

De modo que, en el curso de este artículo, se ensaya algunas hipótesis que elucidan la dirección y el sentido de la descentralización educativa como lineamiento de política que se viene materializando progresivamente, mediante la delegación de poderes y funciones hacia los gobiernos regionales y locales, adoptando un “modelo de gestión” caracterizado por ser participativo, autónomo, intersectorial y descentralizado en perspectiva de que las instituciones educativas logren la anhelada autonomía escolar. Supuestamente, el discurso del enfoque de gestión del sistema educativo comparte la gran mayoría de la comunidad educativa, presumiblemente por las aparentes bondades que acarrea, pero muy en el fondo se oculta propósitos que deberíamos tener presente. Para ello, es necesario analizarlo desde sus raíces; es decir, de dónde proviene y qué es lo se pretende hacer con nuestra educación.

Por ejemplo, para nadie debería ser una novedad que el actual modelo económico, sociopolítico y cultural de la globalización responde a una política de renovada concentración del capital en las élites mundiales. El intelectual norteamericano Noam Chomsky (2001) afirma que no es posible conocer ni explicar los objetivos de los programas y las políticas públicas de Latinoamérica, sin considerar las recomendaciones de las agencias internacionales de financiamiento, que detallan específicamente cada área de la vida de los países no desarrollados, condicionando los empréstitos al cumplimiento de sus recomendaciones. Los gobiernos de Latinoamérica se han visto obligados a aplicar políticas similares para liberar los sectores productivos estructurales, reservados con anterioridad exclusivamente al Estado y, en un segundo momento, para liberar los sectores comercial, financiero y de servicios. Por eso, no es extraño saber que para el Banco Mundial a juzgar por los diversos informes y recomendaciones dimanados de sus objetivos en materia educativa, concibe a la descentralización de la educación, como un proceso que significa aumentar la participación de los ciudadanos al nivel local y disminuir la acción del Estado en la administración y gestión educativa.

Precisamente, ésta concepción es la que caracteriza al modelo de gestión participativa, en cuyo proceso de implementación estamos contribuyendo. Hacer que la comunidad educativa asuma el liderazgo y la gestión de la escuela en perspectiva que tengan autonomía, a través de sus órganos de participación en sus diferentes espacios geográficos y niveles de gobierno, tiene cierto sentido benéfico porque está generando una movilización social interesante, alimentando esperanzas y motivaciones en nombre de la mejora de la calidad de los aprendizajes. Sin embargo, se advierte que todos estos esfuerzos pueden desperdiciarse, sino le damos sostenibilidad al modelo, puesto que se avizoran con frecuencia serias dificultades que requieren reflexionarse y reorientarse en torno a su concepción para seguir avanzando hacia la utópica autonomía pedagógica, administrativa e institucional.

Dichas dificultades residen en la implementación, los directores de las II.EE expresan su preocupación y voluntad en aras que el CONEI que presiden funcione, sin embargo, esta disposición de va disipando cuando él y los demás miembros no tienen claridad conceptual ni operacional para ejercer sus funciones; claro, cómo pueden saber o comprender las bondades de la gestión participativa, si las informaciones al respecto, solo llegan a través de las normas que desde el Ministerio de Educación se emana para su ejecución. Es aquí, donde resalta la ineficiencia del propio sector “descentralizado”, expresada en su potencial económico y humano instalado en cada sede “descentralizada” para poner a caminar el modelo de gestión.

Por su parte, en los demás representante del CONEI la realidad es más angustiante, puesto que, a pesar del interés y voluntad de “participar” en la gestión; éstos terminan desistiendo y alejándose, porque existe inseguridad dimanada de su desconocimiento y la preocupación cardinal gira en torno a su valioso tiempo que entrega a cambio de muy poco; es decir, en las zonas rurales donde campea la orfandad predominantemente económica de las familias y cognitiva también, se hace muy difícil consolidar este proceso, porque este hecho conlleva a los integrantes atender de manera prioritaria sus necesidades básicas. En efecto, el aporte de los estudiantes, padres y autoridades es generalmente trivial; pues, para ellos constituye una experiencia de aprendizaje más que una contribución en la elaboración del PEI por ejemplo, pese a la pertinencia de las estrategias que se emplea en la sensibilización e involucramiento.

En ese escenario, considero que el avance en este propósito recae avasalladoramente en los directores y docentes, cuyas reflexiones y cuestionamientos se manifiestan dispersados entre la indiferencia, el respaldo y el rechazo ante este modelo de gestión, debido a las diversas lecturas e interpretaciones. Por todos estos argumentos, creo que el avance a nivel operativo en la institución educativa, donde se observe autonomía, participación, intersectorialidad en la gestión, es intrascendente y sigue siendo un faro iluminador muy distante, pero que orienta el sendero por lo menos. ¿Cuándo veremos a una I.E. como la primera y principal instancia de gestión del sistema educativo descentralizado?... Urge la necesidad de analizar seriamente este proceso, a la luz de las dificultades, percepciones y concepciones en todos los niveles del sistema de gestión, para encontrarle salida conjunta.

Para el análisis serio, resulta indispensable indagar el significado de los conceptos de participación, autonomía y descentralización, términos que aparecen fuertemente ligados entre sí, que caracterizan al modelo de gestión. Promover la participación ciudadana en la gestión o en cualquier área, requiere determinadas condiciones para que efectivamente pueda servir a la democratización. Desde lo político; es necesaria una efectiva distribución del poder que facilite la participación en la toma de decisiones; desde lo social, es necesaria la existencia de representaciones positivas en torno a la participación: disposición de participar por parte de la comunidad, seguridad de los interesados de que sus decisiones van a ser seriamente consideradas, acciones de gobierno que eviten la segregación y marginación de algunos sectores; desde lo económico, políticas de distribución del ingreso que asegure a la comunidad bienestar y tranquilidad en lo laboral; desde lo ideológico, circulación de toda la información, veracidad de la misma y publicación de todos los actos de gobierno.

La autonomía, significa en principio capacidad auto-normativa. Ser autónomo es darse a sí mismo normas de conducta (auto-nomos), lo contrario es la heteronomía; obedecer normas dadas por otro. Por tanto, autonomía es casi sinónimo de libertad. Vale la pena aquí descender en el análisis de este concepto que han realizado ciertos académicos. Según algunos de ellos, consiste en la calidad o condición del ser que no tiene necesidad de otro para subsistir o desarrollarse, es decir, es la condición de bastarse a uno mismo, de subsistir por sí. Pueden entonces las instituciones educativas, en general, ser autónomas en el marco de la descentralización, pero a la vez del ajuste y la recesión o están profundamente limitadas por la realidad económica que las circunda y ahoga... La autonomía también tiene que ver con la independencia. Para ser autónomo se necesita aprender a auto-organizarse. Este aprendizaje se basa en un serio trabajo de construcción y reconstrucción de esa autonomía, lo que implica mucha energía. ¿Qué fuerza, qué información podrán tomar las escuelas para ser autónomas, para aprender a auto-organizarse de un exterior tan pobre, tan carenciado, tan excluido como ellas? El tema se agudiza y complejiza cuando sabemos que la globalidad de nuestras escuelas no poseen una estructura que les permita emprender acciones y actividades sin el riesgo de interferencias arbitrarias o injustas, que les permita, a ellas y a sus actores participar, en cualquier instancia en la construcción de consensos, en condiciones de igualdad, sin el temor de que las mayorías se impongan.

En efecto, la autonomía requiere de un magisterio con buena formación y actualización psicopedagógica y cultural así como recursos económicos; de esta manera podrá atreverse a tomar decisiones más reflexivas y a involucrarse en innovaciones de interés; requiere que los docentes y directores tengan coraje intelectual para arriesgarse a ejercerla; dicho de otro modo, saber que no se corren riesgos de ser descontados en su salario, sancionados tanto con la pérdida del puesto de trabajo (algo que en las instituciones educativas privadas o religiosas es “una espada de Damócles” real) o suspensiones. Además ejercer la autonomía exige tener condiciones laborales que le hagan posible. Implica disponer de tiempos y espacios físicos para poder reunirse, tanto con sus colegas y alumnados o familias Así, pues, desde el principio se advierte que bajo el atractivo señuelo de la autonomía pueden introducirse principios corrosivos para la escuela pública.

La descentralización mantiene también un alto grado de ambigüedad, tanto por la multiplicidad de significaciones que denota, como por la heterogeneidad social y política de quienes levantamos ésta bandera. Pues, cómo puede la descentralización del Estado servir, en algunas ocasiones, para la construcción de un proyecto educativo nacional compartido por toda la comunidad educativa y en otras ocasiones, para fragmentar y desestructurar un sistema educativo, como observamos en la descentralización que se viene implementando en nuestro país ¿Cómo puede la descentralización servir a objetivos tan diferentes?

La descentralización emerge en el contexto de la globalización, el TLC, la privatización de las empresas, la venta de nuestros recursos y el cumplimiento de las recomendaciones internacionales, lo que conlleva a reducir la función de Estado, delegando, entre otras, su tarea de financiar la educación pública, transfiriendo sin recursos esta obligación a los gobiernos regionales, provinciales y distritales, donde existen serios problemas y agonía de sus economías.

En consecuencia, la descentralización del sistema educativo peruano propicia la dotación de autonomía para que las escuelas tengan libertad para decidir sus acciones y cómo invertir los recursos con las que se las subvenciona o aquellos que obtienen a través de sus propias actividades, definiendo, por sí mismas, el orden de importancia de sus necesidades. Pero esta “autonomía”, en un contexto de racionalización de recursos como se viene dando el Perú pasaría a ser una ficción más que una utopía realizable. Creo que, no podemos desconocer las experiencias de descentralización vividas por países vecinos, nos hace vernos como en espejo y nos lleva a temer por las consecuencias desestructuradoras negativas que esto traería para nuestras comunidades, que carecen de hábitos autogestivos y que sufren crecientes procesos de desigualdad social, de marginación, de exclusión y de recesión. El resultado seguro de tal práctica descentralizadora, en este contexto, no sería otro que el fortalecimiento de las estructuras débiles y desiguales que hoy poseen nuestras comunidades.

Queda al descubierto pues, la alianza que ahora ocupa al Estado y que la propuesta de descentralizar y dar autonomía a la escuela está ligada a la reducción del presupuesto educativo, es decir, al problema que presenta el financiamiento del sistema. Entendemos ahora también por qué, a pesar de proponer la descentralización de algunas cuestiones, emergen ciertos dispositivos de control fuertemente centralizados como la evaluación nacional, la carrera pública magisterial, la formación y la capacitación de los docentes, entre otros.